
El 3% de cada mil niños puede tener hipoacusia
Puede producirse por factores hereditarios, congénitos y adquiridos desde el momento del nacimiento, o desarrollarse a lo largo de la vida. Entre 700 y 2.100 niños al año son diagnosticados con hipoacusia.
En el marco de la XXI Semana de la Lucha contra la Sordera, el referente del Programa Provincial de Hipoacusia, Jorge Iglesias, advirtió que “el tres por ciento de cada mil niños correntinos pueden tener algún problema de hipoacusia”.
Desde el 18 y hasta el 22 de julio se desarrollan actividades en todo el país con el fin de concientizar a la población sobre la importancia de la detección temprana de la hipoacusia infantil y de la atención y rehabilitación adecuada para que puedan desarrollar el lenguaje. Esta afección la padecen entre 700 y 2.100 niños al año.
La sordera es la falta de capacidad para escuchar los sonidos y puede producirse por factores hereditarios, congénitos y adquiridos desde el momento del nacimiento, o desarrollarse a lo largo de la vida, obedeciendo a numerosos factores causales. Cuando la hipoacusia es tan profunda que no se percibe ningún sonido es denominada sordera.
Desde el Ministerio de Salud Pública de Corrientes, a través del Programa Provincial de Hipoacusia se están llevando a cabo actividades para impulsar la detección temprana y atención de la sordera.
Los controles se realizan en Capital, en el Hospital Pediátrico “Juan Pablo II” y en la Escuela Especial “Helen Keller”; y en el interior, en las localidades de Goya, Bella Vista y Mercedes. Además una vez al mes se dictan en Corrientes capacitaciones y un curso de formación para el uso del otoemisor.
Las charlas sobre la importancia de la Red de Detección Temprana de la Hipoacusia están destinadas a áreas como pediatría y otorrinolaringología.
Señales de alerta
El diagnóstico temprano es importante para poder brindar al niño un tratamiento adecuado y prevenir complicaciones en el desarrollo de su vida social.
Las señales de alerta si tiene menos de un año son: sólo reacciona ante ruidos fuertes, se asusta cuando alguien se le acerca por detrás, no balbucea o dejó de hacerlo, no responde a los estímulos de la familia (voces, sonidos, etc).
Y si tiene más de un año: no responde cuando lo llaman, al nombrarle un objeto no lo reconoce, se comunica sólo con gestos, sin usar la voz.














